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EL REGRESO DE LAS TINIEBLAS
Jesús Leonardo Gil es un joven de doce años nacido en Supatá- Cundinamarca; hijo de una familia en donde la extrema pobreza es todo su patrimonio
Jesús Leonardo no puede estudiar porque las córneas se rebelaron contra sus propósitos de llegar a ser un alfabeta. Hace mas de un año, se ha intentado frenar el avance de su ceguera, la cual lo ha venido amenazando y hundiéndolo en la desventura... La tristeza de Jesús Leonardo era evidente... EL CLUB ROTARIO SUPATA, enterado de este problema, consideró oportuno y necesario enfrentar esta situación como si fuera su propia responsabilidad. Nuestro Club no podía permitir que esa luz se siguiera apagando mientras nuestros corazones mantuvieran la fe, un destello de esperanza y la voluntad para lograr que JL alcanzara a divisar la tan anhelada luz. Jesús Leonardo quería ver y este deseo era lo único que contrastaba con su melancolía. Primero fueron los exámenes extraviados en el hospital de Pacho-Cundinamarca, durante 5 meses; luego la falta de córneas para la cirugía en la Clínica Palermo y después - cuando ya se superaron estas dificultades, se acabó el contrato con esta clínica. Sin la menor duda, el destino se empeñaba en hacernos una mala jugada, mientras JL, seguía padeciendo su infortunio. Reiniciado el proceso y superado los obstáculos iniciales, nos vimos obligados a contratar una persona para que se dedicara única y exclusivamente a sacar la orden de las Secretaría de Salud de Cundinamarca y demás documentos para que le hicieran la cirugía en otra clínica. Pero esta lucha no fue nada fácil, porque mover los sentimientos y superar la indiferencia, consolidados como rocas gigantescas atravesadas en el camino, es una ardua tarea. Fue necesario presentar la queja ante la Superintendencia de Salud, para lo cual hubo necesidad de la asistencia de un abogado; solo de esta forma se pudo culminar el angustioso proceso, pues la primera parte del sueño se había cumplido, lo demás le correspondía a Dios y a la parte científica. Sin embargo, Jesús Leonardo no entendía el por que de esta situación y el sufrimiento lo seguía consumiendo.
Superados por fin todos los obstáculos, se procedió a la cirugía y se esperó el necesario reposo. Con algo de inquietud, el doctor quitó la venda y colocó la mano a cierta distancia, e indicando la “V” de la victoria, preguntó: Jesús Leonardo, ves mi mano? y el joven sorprendido contestó: “Sí doctor la veo, lo veo todo, he vuelto a ver”. Fue entonces cuando las lágrimas se desbordaron por las mejillas, no solo de él, si no de los testigos que confirmaban con extremada emoción el regreso a la luz, de esa luz que casi no regresa y que lo estaba consumiendo en las tinieblas.
Definitivamente no hay nada en el mundo que valga tanto, como la infinita felicidad que se logra cuando se pueden solucionar necesidades tan críticas, como la de Jesús Leonardo. Gracias a Dios y a Rotary por las oportunidades que nos da de cosechar estas satisfacciones y de ser útiles a la sociedad.