 Los vecinos dicen que no se hace nada para evitarlo, pero no quieren que la empresa se vaya porque genera empleo. La CAR dice que verificará las acciones impuestas a Algeciras en la sanción.
Mientras con una mano Juan Martín Beltrán le pone énfasis a la historia que cuenta sobre su vida como pensionado en Supatá, con la otra intenta alejar las moscas que le rondan. Hace seis años, cuando lo jubilaron, cansado del ruido y la contaminación de la ciudad, sintió "mal de tierra" y compró un terreno para volver a su pueblo natal. El primer año fue maravilloso, en una casa con vista a los paisajes verdes, pero a partir del segundo empezaron a llegarle olores fétidos y moscas, provenientes de la finca San Francisco, de la firma Avícola Algeciras Ltda., que, según algunos pobladores, desde 1998 ha generado contaminación por el manejo inadecuado de los desechos que generan cerca de 200.000 gallinas ponedoras que alberga en sus galpones. Ha venido ampliando sus instalaciones, pese a que no ha obtenido los permisos para hacerlo. "Ya no puedo abrir las ventanas porque la casa se llena de moscas", dice Juan Martín, mientras muestra un grupo de ellas que revolotean contra el vidrio. Asegura que ha alcanzado a matar hasta 50 en un rato. Dos hermanas que viven pasando la quebrada El Sabo, después de los galpones de Algeciras, aseguran que hasta los cuartos de su casa se entran los malos olores. Ambas solían bañarse en la quebrada, pero dicen que un día terminaron llenas de brotes por una alergia producida por el agua. "Ya no la usamos porque nos da miedo y en tiempo de lluvias se ve llegar la corriente con espuma blanca", dicen. A eso se suma el problema de sus vacas, que viven repletas de garrapatas. Por eso, desde hace algún tiempo tienen que ponerles una inyección y bañarlas constantemente, porque les da fiebre. A su queja se une Albino Gómez, quien ya intentó vender su terreno, pero con los malos olores no ha conseguido comprador. Ahora hasta le queda difícil mantener un administrador porque pocos trabajadores se aguantan los olores que llegan a su finca. Otros habitantes comparten su situación; como Leonardo Sánchez, quien vio morir, con hongos en las espaldas, a las 500 mojarras que tenía para comercializar. "Se me murieron porque contaminaron el agua. La gallinaza llega con la corriente como una mazamorra espesa", dice. Estos reclamos no son nuevos. Varios habitantes vienen alertando de la situación desde 1998, cuando empezó la expansión de los galpones. El histórico de reportes de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) muestra que, desde ese año, la institución ha intentado medidas preventivas para que la empresa disminuya su impacto ambiental. Sin embargo, los reclamos siguen llegando sin que se haya logrado una solución. Gratiniano Suárez, director de la oficina provincial Gualivá de la CAR, explica que en la actualidad existe un proceso sancionatorio contra la empresa por contaminación y que ya tiene una resolución con medidas preventivas, que ordenó la suspensión de vertimientos y descargas directas al suelo y al agua. "El cumplimiento de esto se verificará en la próxima visita", indica el funcionario y dice que en los siguientes 30 días se debe dar el fallo definitivo. Sin embargo, enfatiza en que es el alcalde y no la CAR quien tiene el poder judicial para hacer cumplir las medidas impuestas. EL TIEMPO intentó contactarlo, pero el burgomaestre, Luis Enrique Rodríguez, no quiso dar declaraciones al respecto. Sin embargo, Orlando González, el alcalde anterior, cuenta que, durante su administración, él negó el permiso de ampliaciones a la empresa, que pretendía aumentar a un millón el número de gallinas, porque estaba construyendo sobre humedales, no tenía concesión de aguas y estaba dando un manejo inadecuado a la gallinaza. Igual, construyeron sin permiso, dice. En todo caso, los supateños no quieren que la granja se vaya del pueblo, pues es una gran fuente de empleo. De hecho, Algeciras afirma que tiene empleados a 70 habitantes de la localidad. Asegura que ha acatado los requerimientos de la CAR. La granja está lista para cualquier inspección: Algeciras Luis Ferro, administrador de la granja de Algeciras, afirma que la gallinaza se entrega a la empresa Abocol, especialista en compostaje, para que ella la procese y la venda. Dijo que en visita reciente de la CAR a Algeciras se les pidió mejorar las instalaciones, luego de lo cual construyeron unos invernaderos para manejar el residuo. Según él, instalaron filtros de arena sílice y tubos que llevan a unas cajas de inspección, las cuales terminan en un tanque madre en el que se eliminan bacterias y se hace un control de olores. Según Ferro, en todos los pueblos hay moscas relacionadas con el cambio del clima y no necesariamente con la empresa, y enfatiza en que están haciendo lo que la CAR y la Gobernación pidieron. Asegura que la granja está lista para que se haga una visita de verificación de las obras. Mientras tanto, el director de la oficina provincial Gualivá de la CAR, Gratiniano Suárez, insiste en que el control de los olores debe hacerse con un tratamiento previo al vertimiento de los residuos, pero que desde el 2006 está en trámite un reglamento en el Ministerio de Medio Ambiente sobre los "olores ofensivos". María Clara Valencia Especial para el EL TIEMPO
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